Ya la noche del 19 anticipaba que algo se estaba por venir, algo importante. La gente salía de sus casas con las cacerolas como forma de reclamo, de inconformidad y de cansancio ante las políticas empleadas hasta ese momento.
Aquel jueves 20 de diciembre despertó a muchos con la noticia que Domingo Cavallo, por entonces Ministro de Economía, había renunciado.
En Plaza de Mayo había una gran manifestación: gente de todas las clases no hacía más que aplaudir, cantar y clamar su voz por un cambio político y gubernamental. Recuerdo estar mirando la tele con mis padres y enterarme por televisión que mi abuelo estaba allí. Mi madre, por supuesto, desesperada.
De pronto, todo se tornó negro. La policía montada a caballo comenzó a reprimir apenas pasado el mediodía. La violencia colmaba las calles porteñas y la Plaza. Balas de goma, gases lacrimógenos y una represión brutal que dejó un saldo de 5 muertos y más de 100 heridos, mientras los saqueos y los disturbios se expandían por todo el país. Todo era un caos (mi abuelo estaba en su casa sano y salvo) la gente corría despavorida, indignada y anonadada.
El país había colapsado de manera completa: Políticamente, socialmente y económicamente y lo peor estaba por venir.
El Gráfico no pudo escapar a estar cruel realidad y sacó una revista como no hacía en mucho tiempo, la tapa no correspondía a ningún hecho deportivo. No era para menos.
Hernán Bourguet




